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Desde que se inició el Mustang Club de España, una de las cuestiones que se repetía con cierta periodicidad era: ¿qué habrá ocurrido con el primer coche de este modelo matriculado en nuestro país? Con los datos de los que se disponía y la poca información oficial que se podía obtener, la respuesta y la búsqueda se planteaban complejas y laboriosas. Se contrastaron bastantes vehículos con las fechas de matriculación llegando incluso a pensar, durante bastante tiempo, que un coche con matrícula de Madrid, que se encuentra actualmente en Navarra, hubiera podido ser el primero de la saga en España. Pero había un dato que aportaba dudas y mientras tanto el tiempo ha ido pasando. Casi sin querer y cuando ya nos habíamos olvidado del tema, como suelen ocurrir las cosas cuando uno pone mucho empeño en algo y no se ve resultado, el pasado mes de marzo, Joan, socio delegado del Mustang Club en Cataluña, nos puso sobre la pista. Tras unas rápidas conversaciones con el depositario del automóvil en cuestión, la empresa American Classics de Barcelona, que facilitó enormemente la operación, se pudo concretar la adquisición. La historia del coche es simple y curiosa, pues desprende verdadera pasión por el modelo de su primer y único propietario hasta la fecha, en que ha pasado al Mustang Club. Se trata de un hardtop (techo duro), mal llamado coupé por aquí, fabricado en la factoría de Matuchen con motor V8 de 200 CV SAE, siendo el nº 49.936 de los fabricados de ese modelo en esa fábrica, sin haberse cumplido el primer año de fabricación. (La producción del Mustang se inició oficialmente el 17 de abril de 1.964). Su propietario, un barcelonés, tenía 31 años cuando rodó con su flamante vehículo a primeros de septiembre de 1.965 y lo condujo por las calles de la Ciudad Condal, tras abandonar las instalaciones de Automóviles Infanta Carlota S.A. y después de haber abonado la cantidad de 347.512 pesetas de las de aquellos años, según reza en la factura que aún se conserva de cuando un litro de gasolina súper se pagaba a ¡10 pesetas! El Mustang lucía el color exterior de moda en esos años, un impecable negro (raven black), en el que destacaban sus cromados y sus neumáticos de banda blanca, junto a los tapacubos de fábrica en inoxidable y negro que realzaban el perfil del coche. En su interior muy luminoso, merced a su color rojo satinado, dominaban el panorama sus generosos asientos y se podían apreciar, de modo destacado, la radio AM (opción facturada aparte), el clásico cuadro de relojes con fondo negro, al igual que la guantera con posavasos en el dorso de su tapa para el autocine y, más discretamente, pero con gran protagonismo, un pomo original, tallado en madera, coronado por el escudo y logotipo del modelo y que lucía toda su belleza sobre la cromada palanca de cambios, dándole ese toque elegante, tan de la época, a un vehículo desconocido por estos lares y que hacía volver las cabezas a su paso. Su dueño había solicitado al Servicio Oficial Ford de Barcelona, que su Mustang viniera equipado con las opciones de frenos delanteros de disco ventilados y caja de cambios de relaciones cortas (una Borg Warner T-10) y un puente trasero de 9”, para poder disfrutar de las bondades del elástico motor. El tiempo fue pasando y con los años las prestaciones originales del coche empezaron a parecer menores que en un principio y su motor recibió, entre otras modificaciones, una batería de carburadores que nunca se llegaron a acoplar correctamente, sufriendo problemas de calentamiento que obligaron sucesivamente a ampliar el tamaño del radiador y a la aparición de tomas de aire múltiples bajo el parachoques delantero, recibiendo también la instalación de un equipo de aire acondicionado adaptado, no original, que produjo numerosas modificaciones más en el vano motor y habitáculo. Mientras estas intervenciones iban sucediéndose, también se produjo la puesta al día del color de la carrocería que, más acorde con los tiempos, cambió su negro por rojo y en este estado y tras mucho viajar acabó sus días aparcado en una pequeña cochera en Puigcerdá, donde pasó bastante tiempo hasta que salió de ahí para acabar como un viejo juguete con sus piezas desmontadas y amontonadas en un sótano de Barcelona, en el que estuvo durante cinco años. El resto, desde su hallazgo hasta el pasado mes de junio, se aprecia mejor en las fotos de este reportaje y de entrada se desmontó todo para, a continuación, hacer un inventario de lo aprovechable y de lo necesario. El bastidor, salvo los típicos puntos negros de los pasos de rueda traseros, estaba impecable a pesar de los años y las circunstancias transcurridas y lo que realmente supuso una gran decepción fue el bloque motor considerablemente dañado, tanto que no se ha podido siquiera pensar en su recuperación. Gracias a Gustavo de Vigo, pudimos conseguir otro motor en un excelente estado y cuando estas líneas se publiquen, estará reposando dentro del “Azabache”, nombre que alguien del Club le puso y con el que se ha quedado definitivamente. Dado que después de contrastar distintos datos y fechas de matriculación se tiene la práctica certeza de que se trata del primer Mustang matriculado en España, se ha decidido restaurarle como realmente salió de la fábrica un lejano 8 de abril de 1965, para venir al Viejo Continente, a manos de un propietario que siempre lo ha apreciado, de ahí que no haya querido deshacerse de él. En el Mustang Club, a pesar de tener el verano de por medio, la intención es que antes de que acabe el otoño, el coche esté en marcha y pueda competir en su primer rallye de clásicos, para que se vaya rodando y se puedan disputar con él, más adelante, hasta pruebas internacionales. Como rúbrica de un coche tan especial, se le ha dotado de unas llantas Shelby Ten Spoke 66 originales, algo muy escaso y apreciado, que pensamos aumentan aún más la belleza del modelo actualmente en reconstrucción.
* Galería de fotos en buscando el primero II
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